Olentzero

Mi hija duerme todas las noches con un señor con barba, un señor con txapela y pipa en mano. Se consienten estas menudencias que con los años acaban en tragedias griegas, como ese inocente tarareo mañanero que deviene en lista de Spotify con temazos de Daddy Yankee. La madre de mis hijos dice que ella no tiene problema en permitir que en un futuro traigan los novios a casa, incluso que pasen la noche en su habitación. Yo me imagino en el sofá, viendo la Sexta Noche, mientras desde el cuarto de mi hija adolescente su voz emite un nítido susurro: “No, por ahí no”. En ese momento te debates entre ir a por el cuchillo jamonero o sufrir un ictus en silencio, sin pedir ayuda por miedo a sobrevivir y tener que mirarte al espejo todas las mañanas. Ese espejo que refleja a un falso moderno, a un machista recauchutado, a un mierda seca.

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