En los jubilados de Beraun nos engañan en el bingo

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El viejo camina con dificultad, aferrado a un bastón adornado con la empuñadura de una palanca de cambios de un Renault 5, puestísimo de sintrón y de descafeinado de sobre. Entra en el baño y desliza el pestillo tratando de no pensar en los restos de orín que acaban de depositarse en sus dedos. Se sienta en el retrete y toma aire, “después de tres operaciones de cadera es casi un milagro que pueda andar, señor Andrés”, recuerda perfectamente las palabras de su médico, con esa sonrisilla condescendiente, como si tuviera que dar gracias a la vida cada mañana por no estar inmovilizado en una cama cagándose encima.

A veces la ira le devuelve la energía y la fuerza que creía perdidas y se siente capaz de hacer cosas, o por lo menos se siente capaz de imaginarse haciendo cosas, que no es poco para el simulacro de vida que supone morirse de viejo. Hoy, sin embargo, está dispuesto a llegar hasta el final, saca el rotulador del bolsillo y tras un par de retoques da por finalizada la pintada. Ahí queda puesto, que les jodan, que se entere quien se tenga que enterar.

Lo de menos es que Andrés no haya jugado nunca al bingo, lo de menos es que en el bingo de Beraun nunca hayan engañado a nadie, lo importante es que Andrés fantasea con que lo hacen y en ese momento le hierve la sangre y le bullen las ideas. En ese instante se siente otra vez al mando, capaz de tomar decisiones, de actuar, de llevar a cabo su pequeña venganza, simbólica, inofensiva y basada en una mentira, pero planeada y ejecutada con una furia tan real como la vida misma.    

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2 Respuestas

  1. alfanje dice:

    ¡Don Andrés Octogenario!

  2. unesceptico dice:

    También conocido como el «Banksy de la tensión alta».

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