Trucos para padres: el trueque infernal

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El truco de hoy es sencillo a la par que efectivo, ideal para practicarlo en el parque y recomendado para niños de entre dos y tres años.

Antes de salir de casa es importante la elección de juguetes de tu hijo. Este truco está comprobado con coches, pero cualquier juguete puede servir. Es necesario que tu hijo lleve sus coches preferidos, pero es imprescindible también que no olvidéis su cochecito más odiado, aquel con el que no quiere jugar nunca, el que tira siempre contra la tele.

Una vez en el parque infantil tu propio hijo te dictará el camino a seguir. Se acercará al niño que lleve el juguete que quiere conseguir, y dependiendo de la personalidad de tu hijo afrontará la situación de diferentes maneras: robo sin violencia o robo con violencia. Aquí entras tú en escena, te acuclillas y con gestos ostensibles para que todos los adultos del parque se den cuenta, le explicarás a tu hijo con voz calma la importancia de la propiedad privada, de pedir las cosas por favor y de las convenciones de Ginebra. Una vez hecho el discurso sacarás con disimulo su coche más odiado de la bolsita de juguetes y se lo darás a tu hijo para que se lo ofrezca al niño que porta el juguete deseado.

Tu hijo avanza con el coche roñoso en su manita y se lo pone en el morro al otro niño. Es capaz de permanecer horas así, incluso intentará hacérselo tragar si no media ningún adulto, pero la acción se suele desencadenar en unos pocos segundos. El padre o la madre del otro niño se acerca y le habla con tonito musical a su hijo, “¿Ya ves que el niñito te quiere dejar su cochecito? Venga, cariño, déjale tú el tuyo para que juegue un ratito”. El niño tiene unos padres que abusan de los diminutivos, pero gilipollas no es, se negará y llorará para no deshacerse de su juguete. El padre del llorón vive una lucha interna, no quiere que su hijo sufra pero tampoco quiere que todo el parque sepa que su hijo no deja los juguetes, que está fracasando en su inútil intento de que un niño de dos años comparta algo gustosamente. Si la tensión se prolonga siempre puedes intentar acelerar el desenlace con una frase dirigida al padre en apuros: “No pasa nada, hay niños que comparten y niños que no, es normal a su edad”. Aquí el padre aludido te suelta una hostia o le arrebata el juguete a su hijo y se lo da al tuyo, normalmente lo segundo.

Ya puedes alejarte y volver al banco a observar la escena. Tu hijo juega con su tesoro, levanta la vista buscándote y cuando lo hace te dedica una sonrisa que dice inequívocamente: “te quiero, eres el mejor”. Ahora hay en el parque un niño con una casqueta monumental y un niño feliz. Tú eres el padre del niño feliz.

 

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