Gente

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Pensemos por un momento que hay gente en el mundo que no pertenece a nuestra franja de edad, que no se despierta deseando que hayan subido a internet el último capítulo de tal o cual serie, que no tiene nuestro sentido del humor, nuestra ideología o que no conoce nuestra fantástica y original forma de pelar una naranja. Esas personitas con las que te cruzas por la calle no son androides puestos por el ayuntamiento para que te sientas acompañado, si te fijas bien todas ellas tienen una cabeza sobre los hombros con sus correspondientes conexiones neuronales. Bastantes de ellas tienen derecho a voto y algunos lo ejercen llevándote la contraria tras reflexionarlo de manera cuidadosa.

Te sorprenderías de la cantidad de gente que nunca ha discutido sobre si prefiere Nocilla o Nutella, de saber que la ilusión de ese viejo que ves a diario en el banco del parque es poner el Sálvame todas las tardes para masturbarse viendo a Mila Ximénez. Hay sujetos sospechosos que no miran al móvil mientras esperan al autobús, también hay personas que todas las noches se arrodillan y rezan con devoción verdadera, algunos que se apuntan a cursos de ofimática para encontrar pareja, otros que son extremadamente infelices sin tener ningún motivo para ello. Las hay que procuran que a su vecina que vive sola no le falte de nada, también los que queman con un cigarro los botones del ascensor, sin saber muy bien el porqué.

Algunos con toda la buena intención del mundo cometen actos terribles, como un niño que acaricia una mariquita y le arranca una de sus alas. También están los tíos abuelos que vivieron muchos años en Francia y la maquilladora de cadáveres que por salir corriendo del trabajo no pudo lavarse las manos. El camionero que lleva en la cabina pegatinas gigantes con los nombres de sus hijos y que estaciona siempre en el mismo puticlub de carretera, la mujer que recoge la mierda de su perro con una bolsa y a la que le dan asco las kokotxas de merluza. El hombre de bigote al que le acaban de dar seis meses de vida que empuja un cochecito de bebé, la quinceañera que alucina descubriendo a los Kinks y esa persona que duerme en tu misma cama y jamás te contará su gran secreto.

Luego estás tú y tus fotos de mierda y tu mascota y tus chistes y las ganas de que te mueras ya porque nadie en su sano juicio puede ser tan sectario y tan gilipollas y tener tan poco sentido crítico y no haber leído más de dos libros en toda su puta vida.

Y luego estoy yo, escondido en alguno de esos párrafos, tal vez en todos.

 

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3 Respuestas

  1. RNRjukebox dice:

    Buen artículo, pero la quinceañera que supuestamente descubre a los Kinks no existe. Si fuera verdad, me daría una brizna de esperanza. Hace tiempo que creo que esa guerra está perdida.
    Además, en caso de que le guste, renegará y se dejará arrastrar por la gran marea borrega que adora a cantantes que cantan con una pinza en la nariz, que esos sí que son ganadores.
    Saludos y enhorabuena por el artículo.

  2. unesceptico dice:

    Gracias, RNRjukebox.

    Quien dice los Kinks dice Maldira Nerea, no te pongas quisquilloso.

  3. RNRjukebox dice:

    Vale, vale, jajajaja. Pero no me negarás que no es lo mismo.

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