Fracaso en tiempo real

Me acerco al teclado con la intención de partir internet por la mitad, con el objetivo de que tras la lectura de mi texto a bellas damas les sobrevengan violentos orgasmos mientras los mediocres se arrojan al vacío incapaces de soportar tal sobredosis de talento ajeno. La tarea no se antoja complicada, al  fin y al cabo se trata de convertir al realismo mágico en una paja mal hecha, a Jack London en un dominguero y a Bukowski en un burgués. Lo más importante, que no es otra cosa que La Idea, está esperando a ser pulida. No se va a perder ni un ápice de genialidad en intermediarios, nada de subcontratar a un chapucero con voz gangosa y proponerle que no te cobre el IVA. No. La Idea va a ser desarrollada por su creador, enriqueciéndola con tantos matices que el propio WordPress va a tener ganas de publicarla antes incluso de ser guardada como borrador.

Se empiezan a juntar las palabras y las expectativas descienden al nivel de «a ver si me queda una cosita un poco maja», que por otra parte suele ser la antesala del Premio Planeta. Me atasco un poco en el párrafo que sirve de puente entre una primera parte a la que le falta algo y un final sin fuerza. Dudo entre un símil graciosísimo que no viene a cuento y una metáfora tan retorcida que no la entiendo ni yo. Tiro por la calle del medio sin escudo, sin lanza y con un montón de adverbios acabados en -mente pisándome los talones. Avanzo, que a veces es tan complicado como convencer al resto de que no estás quieto, y me dispongo a rematar la faena asumiendo que era mucho cabestro para tan poquito torero.

Acorralado por mis propias ínfulas me encuentro pidiendo la hora nada más escuchar el pitido inicial. Observo impasible cómo mi raquítica autoestima literaria es sodomizada por unos poetas murcianos especializados en rima consonante. Me animo un poco al pensar que el amor no es más que el dolor con una buena campaña de publicidad detrás, y que lo mejor de la vida es aquello que nunca nos atreveremos a hacer. Abatido, pero lo suficientemente desvergonzado como para publicar cualquier mierda a cualquier precio.

Clic.

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4 Respuestas

  1. cio dice:

    Me he sentido identificada con lo de «una metáfora tan retorcida que no la entiendo ni yo» Soy tan burra que a veces digo cosas que ni yo misma sé lo que quiero decir; debe ser algún fallo en la reconversión de pensamientos a las reglas y lógica de la expresión hablada o escrita… o alguna tara (que no descarto)!

  2. escéptico dice:

    cio, lo cierto es que no he entendido tu comentario 😉

  3. Shatik 1-3 dice:

    Aquí estoy, recuperándome de la oleada de violentos orgasmos que me has provocado.
    Un apunte: para mí que Bukowski era un burgués, lo que pasa es que disimulaba con su vida licenciosa y hedonista, y usaba un estilo directo en su redacción para evitar ser tachado de snob.
    Por cierto, me alegro de saber que lo de la «metáfora retorcida que no la entiende ni uno mismo» es tan popular. Claro que para entender las metáforas retorcidas que utiliza uno mismo primero hay que entenderse uno mismo. Yo todavía no he llegado a este nivel de introspección. Y por mi bien, espero que la vida no me castigue tanto como para llegar a ese nivel.

  4. escéptico dice:

    Shatik, para unos era un burgués, para otros un borracho y un putero, hoy en día algunos dirían de él que es un alcohólico adicto al sexo… A mí siempre me ha gustado mucho, pero claro, porque no lo tenía de cartero.

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