Estación Limbo

Estación de tren. Día. Una mujer habla y otra escucha. Cuenta algo sobre su hija «…porque ya la he dicho que esas zapatillas no se las he comprado para ponérselas ahora sino para…». Desconecto  para ordenar mentalmente mi agenda laboral. Vuelvo a sintonizar y ahí está la mujer contando la misma historia «…sino para el invierno pero no hay manera chica las lleva todo el día…» aguanto y me doy cuenta de que en poco tiempo ya ha repetido la historia 4 ó 5 veces. Y sigue, introduciendo pequeñas variaciones en cada nuevo bucle. Una gota malaya refinada, aquí ha cambiado un artículo determinado por uno indeterminado, en esta vuelta ha convertido en llana una palabra grave. La mujer que escucha hace minutos no mueve un músculo, probablemente haya fallecido. Me imagino al hijo, devastado, preguntando al médico cuál ha sido la causa de la muerte.

-Disimulo extremo -responderá el doctor-. Concentró todas sus energías en que su lenguaje corporal aparentara escuchar mientras su cerebro trataba de razonar al margen del parlamento de su amiga y claro, colapsó el sistema nervioso central.

-¿Cómo es posible? -el hijo no se rinde.

-El sistema se volvió loco, quiso respirar por los riñones, filtrar orina a través del corazón y defecar por la axila  y al final sucedió lo inevitable.

-¿Murió? -pregunta como si todavía se pudiera volver atrás en el tiempo.

-Bueno, en términos médicos usamos otra expresión.

¿Cuál, doctor? -el hijo quiere saberlo todo.

-Cascar la perra.

La mujer sigue con su estribillo infernal tratando de entrar en el top mantra a base de tesón y trabajo, mucho trabajo. Como las más grandes, sin casarse con un torero ni hostias.  El tren se retrasa, aunque es aventurado decirlo porque las coordenadas espacio-tiempo se difuminan por momentos. Ya nada de lo que pasa fuera de este andén tiene importancia, atrapado en el purgatorio de los que ponen la oreja, en la antesala de la nada, condenado a vagar por la aburrida línea que separa la apatía de la desidia. Como un Ulises al que se le hubiera pasado la vez en la pescadería del Alcampo.

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7 Respuestas

  1. El jukebox dice:

    ¡Todos hemos sido esa señora que simula escuchar! Algunos hemos sobrevivido, gracias a que nos habíamos fogeado durante años en mil y una entrevistas absurdas. El día que cuente las conversaciones que he escuchado en el autobús dirán que estoy fantaseando.

  2. Ander dice:

    En la Broncalesa y en autobuses Pesa(dísimos) puedes pagar por un servicio extra: durante el viaje te atan a un mástil y te rellenan los oídos con cera. Se llama la Sordisea.

  3. escéptico dice:

    El jukebox, lo que se escucha en el bus es siempre «off the record» y tu deber como periodista de raza es no publicarlo. Ahora bien, a mí me lo puedes contar tranquilamente.

    Ander, no puedo consentir que un vulgar comentarista escriba cosas más absurdas que el autor del blog. Estás a un paso de ser censurado. Primer aviso.

  4. Mon Oncle dice:

    Yo solo puedo decir lo razonable y evidente: que cada frase del cuento es tan admirable como desopilante. Qué arte, diosanto.

  5. escéptico dice:

    Gracias, Mon Oncle, como sigas por ese camino te voy a empezar a llamar «mi tío».

  6. Shatik 1-3 dice:

    Habría que empapelar a Renfe o Euskotren, por responsabilidad indirecta. La de muertes que habrá causado tanto retraso de trenes por hacer que las victimas escucharan mientras respiraban por los riñones y defecaban por las axilas. Amen del péstido olor de los andenes…

    De todas formas, ya lo decía Ulises (mientras se le pasó la vez en la pescadería de Alcampo): los trenes se retrasan en todas partes del mundo, lo cual visto lo visto (o leído lo leído en este blog), puede ser sinónimo de una merma considerable de la población mundial: http://shatik1-3.blogspot.com/

  7. escéptico dice:

    Shatik 1-3, el transporte público es lo que tiene, que dejan entrar a cualquiera.

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