¡Buh!

Las certezas. Mi capacidad de hacer daño y mi fragilidad. Lo difícil que me resulta aprender de un desconocido. El impulso de salir corriendo y la cobardía de quedarme anclado. El no estar a la altura, el tomarme demasiado en serio. Que las pocas cosas que creo tener claras se tambaleen. La ansiedad y su hermana mayor. Que los demás se den cuenta, que lo descubran. Repetir cada vez más que así son las cosas. Que provocar la risa acabe siendo lo más importante, a cualquier precio. Saber que el mundo seguirá girando sin mí exactamente a la misma velocidad.

Todo esto y muchas otras cosas que no me atrevo ni a escribir me asustan. Y cuando no lo hagan me asustaré todavía más.

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14 Respuestas

  1. dancin kid dice:

    Oh!

  2. El jukebox dice:

    Ésos también son mis miedos -puede que incluso en ese orden-, pero tengo mucho más. No es que no me atreva a escribirlos: es que ni a evocarlos, así sea mentalmente. Y si lo hiciera, tampoco iba a cambiar nada, o sea que para qué.

  3. Don Jaime de M. dice:

    Pues yo sí creo que nombrar los miedos sirve, el jukebox. Y sirve de mucho.

    Bajarse voluntariamente del pedestal es un acto de valor que siempre tiene la recompensa del afecto de los demás. Y de cara a uno mismo, libera un trecho grande de ese disfraz brillante y solvente con el que vamos por ahí como si estuviéramos por encima de la necesidad básica de cualquiera: sentirnos queridos. Se dicen las cosas, y pierden peso. Nos decimos las cosas, y perdemos peso.

    Enhorabuena, esceptico. Aunque te resulte difícil aprender de un desconocido, permíteme decirte que es de lo mejor que he podido leerte. Y perdona la catequesis.

    Saludos, el jukebox.

  4. El Jukebox dice:

    Don Jaime de M. Bueno, cada cual tiene su fórmula para ir por la vida, más o menos, e intenta que le vaya bien. Lo que me pone los pelos de punta- e igual te estoy malinterpretando- es eso de sentirnos queridos. Cuidado con el abominable lobby ‘de los faltos de cariño’, un parásito insaciable que anida en tantos bulímicos emocionales. Para mí, es otra forma de avaricia. Igual que hay gente que acumula más dinero del que puede gastar, hay otros que coleccionan más afectos de los que pueden digerir y, claro, todo acaba en vomitona. Una estirpe temible: chantajistas emocionales, emodependientes, ‘quedabien’ a toda costa en estado puro. Cada vez que escucho a alguien decir ‘yo lo que quiero es que me quieran’ o ‘escribo para que me quieran’, como el inefable ‘Gabo’ salgo huyendo. Si encima pretenden que, por encima de todo, le quieran, no ya en el bar, sino en el ámbito laboral estamos ante uno de los elementos más tóxicos de la tabla periódica.
    Hay gente tan necia que te dice que tiene «muchos amigos» y algunos hasta se lo creen sinceramente.
    Estoy exponiendo mi punto de vista personal, ¿eh?. Insisto en que cada cual es como es.
    Ni tengo muchos amigos, ni me interesa un pijo acumularlos. Eso sí: tengo a gala que los que tengo, me duran muchísimo.
    Y respecto a la otro, no hay pedestal que valga: todos vamos a morir después de sufrir mucho y será irrelevante. Felices los momentos en los que conseguimos olvidarlo.

    Un saludo

  5. Don Jaime de M. dice:

    El jukebox. No tengo ánimo de discutir contigo por dos razones: a) convencer es estéril y b) no me voy a meter en la pelea dialéctica con un polemista de champion league como tú. Pero déjame explicarme un poco más.

    Lo que quiero decir es que cuando un fulano confiesa (se confiesa) sus debilidades, escapa de esa pequeña cárcel de medio metro cuadrado en la que vamos por la vida, que es la idea que tenemos de lo que somos y de lo que son las cosas. Es que soy así, es que soy asá. Yo pienso esto de esto, yo pienso esto de lo otro. Yo pienso, yo pienso. Todo el puto día pensando cómo son las cosas, y procurando actuar con coherencia con todos esos pensamientos. Sin embargo, y me parece que es una norma, uno siempre acaba bastante insatisfecho de tanta coherencia con uno mismo, como si estuviera encerrado en una celda muy pequeña.

    Como ya nos conocemos un poquito, sabrás que eso de que todo el mundo te quiera y lo tener muchos amigos como las folklóricas es una idiotez con la que estoy tan en desacuerdo como tú. Pero sí creo que enseñar a algunas personas (no a todo el mundo, por supuesto, como un bienintencionado gilipollas) tus partes menos bonitas amplia tus posibilidades de relacionarte con los demás y te enseña que quizás las cosas no son como tú crees que son: que quizás no hay que sufrir tanto, tantísimo.

    Me parece que todo el mundo prefiere vivir en un espacio más grande, ¿no?

    Te quiero, el Jukebox 🙂

  6. escéptico dice:

    dancin kid, ¡eh!

    Don Jaime de M. Muchas gracias. Andamos todos tratando de mantener la cordura entre el barro y el pedestal, con un poco de vértigo y sin querer mancharnos los zapatos. Es cierto que todos necesitamos cariño, pero como dice El Jukebox, cuando tienes más o menos las necesidades afectivas cubiertas, todo lo demás me parece avaricia y alimentar el ego.

    El Jukebox, eso de escribir para que me quieran nunca lo he entendido, a no ser que quieran decir que escriben para poder follar, lo que para mí tiene mucha más lógica.

  7. Me ha gustado lo de «repetir cada vez más ‘así son las cosas'» porque tiene que ver con uno de mis miedos: ser rígida, intransigente, fría. Y eso me lleva a otro miedo que creo que es universal: terminar siendo como nuestros padres en aquello que nos horroriza. O sea, que nos equivoquemos al pensar «yo nunca seré así, yo nunca haré las cosas así».

    Y también me identifico mucho con lo de no estar a la altura. Creo que tenemos que aprender a permitirnos hacer cosas para las que no valemos, cosas que se nos dan fatal. Me gustaría permitirme escribir literatura, por ejemplo. O por poner un ejemplo más tonto, animarme a practicar algún deporte. Que el hecho de decepcionarme a mí misma no me detenga.

    En fin, con este striptease emocional ha quedado claro que soy partidaria de expresar los miedos

  8. Ander dice:

    Llevo semanas leyendo «Pilotos, caimanes y otras aventuras extraordinarias», una recopilación de crónicas de Jacinto Antón, periodista de El País. Llevo semanas porque me gusta tanto que sólo leo una o dos crónicas antes de acostarme, para que me duren mucho. Son divertidísimas. El hombre está fascinado por aviadores austrohúngaros, himalayistas, nazis, exploradores, domadores, primatólogas. Le fascinan los héroes, los valientes, los más lanzados, y sobre todo admira los momentos en que estos personajes pasan miedo. Y él, que es un cagao, escribe crónicas tronchantes sobre su terrible catálogo de pavores. Porque el tío es un cagao que juega a rugby, tiene en casa serpientes, se sube a los telesillas que le horrorizan, todo por vencer su mayor miedo: el miedo a parecer cobarde. Una delicia de libro.

  9. escéptico dice:

    Mari Kazetari, lo de la literatura o el deporte no parece complicado. El problema suele estar en las expectativas, algunos parece que quieren ganar el Premio Cervantes sin haber emborronado un folio.

    Ander, uno de los peores momentos que he pasado fue en un telesilla en Cerler, no sé por qué pero se me olvidó que tenía vértigo y me subí. El libro me lo apunto, aunque miedo me dan tus recomendaciones.

  10. A menudo pienso que le miedo marca una direccion: la de las cosas hacia las que hay que dirigirse, porque las que no nos dan miedo ya nos las sabemos de sobra… Supongo que esa es una de las razones por las que sigo escalando y subiendo montañas… actividades, por otra parte, en las que soy patetica. Muxus y a por los miedos, que no son mas que fantasmas! 😉

  11. El jukebox dice:

    El miedo a no estar a la altura es a la vez paralizante y estimulante. Siempre imagino que lo que voy a escribir va a quedar sensacional pero cuando lo leo siempre lo encuentro ramplón y decepcionante, de forma que si lo llego a saber, no lo hubiera escrito. Y vuelvo a hacerlo para ver si me sale bien. Por otra parte, me da pavor decir algo que ya han dicho otros antes y mejor.
    En cuanto al vértigo: si colocados en una situación de sentir vértigo, vuestro impulso más fuerte e irrefrenable no es lanzaros al vacío para terminar con el miedo de una vez por todas, es que no sabéis de verdad lo que es el vértigo.
    Ander: también estuvo muy bien una serie que Jacinto Antón escribió en ‘El País’ dedicada a grandes cobardes de la historia, como el único superviviente de El Álamo y así. No sé si ha incluido los artículos en algún libro o si piensa hacerlo, pero eran la mar de empáticos. Yo, al menos, me identifiqué con casi todos.

  12. escéptico dice:

    vagamontañas, un beso también para ti. Estoy más o menos de acuerdo, salvo en el miedo a la muerte, ahí no creo que lo más conveniente sea correr hacia la luz.

    El jukebox, el paso de una idea de la cabeza al papel es un continuo degenerar. En lo de no repetir lo de otros también me siento identificado. En realidad sé que alguien lo habrá contado antes mejor, pero si no lo encuentro en la primera página de google me quedo más tranquilo.

  13. El jukebox dice:

    Yo, ni lo busco porque no me conformaré con la primera página de Google y sé que al final lo acabaré encontrando, así que prefiero escribirlo a ciegas.

  1. 21 marzo 2011

    […] me cuesta mucho permitirme hacer cosas para las que creo que no valgo. Este post está inspirado en éste otro de Diario de un escéptico confuso, cuyo autor lista algunos de sus miedos. Al pensar en los […]

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