El anciano de la tedeté

Centro comercial, mostrador de información. Delante de mí, un hombre que se jubiló en el siglo pasado exige que le den un sintonizador nuevo de TDT, porque el que compró está estropeado. La chica que le atiende agarra la caja que le enseña el anciano y se queda extrañada, no pesa, está vacía. Le explica, sin perder la sonrisa, que para hacer una devolución necesita el aparato averiado.

-¿Cómo es posible? ¡El aparato está estropeado!

La chica, pausadamente, le vuelve a decir que no es posible lo que le pide. Tendrá que volver con el aparato. El anciano se empieza a poner nervioso.

-¡El aparato está estropeado! ¡Me lo tiene que cambiar!

El anciano mira hacia la cola buscando apoyo. Yo trato de echar una mano a la dependienta.

-Señor, tiene lógica lo que le está diciendo. Si le da a usted un aparato nuevo, usted tendría dos aparatos en su casa y ellos ninguno.

En buena hora he dicho nada. Ahora el hombre está  fuera de sí. Agita un paraguas puntiagudo en dirección a la chica, a la vez que grita algo incomprensible mientras con la mano libre golpea la caja vacía que salta en el mostrador a cada impacto. Está armando un escándalo.

La situación es preocupante. Está descontrolado y la punta metálica del paraguas se va acercando a la cara de la muchacha, que observa la escena entre perpleja y asustada. Mi experiencia en peleas es nula, pero el visionado exahustivo de las trilogías del macho alfa (Karate Kid, Rambo, Arma Letal, La jungla de cristal y El caso Bourne) me da cierta ventaja. En el peor de los casos, calculo, es muy improbable que un anciano al que le quedan tres telediarios analógicos me saque los dos ojos en el mismo paraguazo.

Cuando estoy a punto de intervenir se acerca un guardia de seguridad a grandes zancadas, agarra el paraguas y le ordena al hombre que se tranquilice. La visión del uniforme  parece que surte efecto, el hombre se calma un poco y visiblemente avergonzado coge su caja vacía y se aleja del brazo del guardia en dirección a la salida. Es mi turno. Intercambio una sonrisa cómplice con la chica y me dispongo a realizar mi buena acción del día.

– Buenas tardes. Venía a entregar este aparato de TDT que me he encontrado en el aparcamiento. Estaba tirado en el suelo, sin caja ni nada . Muy raro ¿no?

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4 Respuestas

  1. El jukebox dice:

    Me imagino que la dependienta te comería a besos y hasta puede que se haya ido a vivir contigo, ¿no?

  2. escéptico dice:

    Lo cierto es que no me trató como un macho alfa, sino como un montón de alfalfa.

  3. antxo dice:

    Patada voladora al anciano!

  4. escéptico dice:

    antxo, ya tenía a medio componer la postura de la grulla. De buena se libró.

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