Despedida con sorpresa

-Que un montón de moscas revolotee sobre tu cabeza no te convierte en un enorme trozo de mierda.

Una mujer de edad y peso indeterminados, de profesión echadora de cartas,  me mira con el ojo izquierdo medio cerrado. Parece que la mecánica está clara: extrae una carta de la baraja, la coloca sobre la mesa, la mira, hace una pausa dramática de un par de segundos y me habla.

-Hay tres mujeres en tu vida.

Correcto. Mi madre, mi hermana y mi novia. Citadas in appearance order en mi película vital. Estiré las piernas, notaba como poco a poco me iba relajando.

-¡La puta que te parió, la guarra que te crió y la cerda que te la chupó!

Eso me cogió de improviso. Entendía que había más de una forma de interpretar la realidad, pero lo que acababa de escuchar me pareció excesivo. La mujer levantó lo brazos en señal de disculpa.

-Perdona el lenguaje, hijo mío, pero acabas de pisarme el juanete y no he podido contenerme.

Recogí las piernas y me acordé de los cabrones de mis amigos. La semana que viene me iba a casar y este era el comienzo de mi despedida de soltero. Vete a esta dirección el sábado a las nueve de la mañana, me dijeron tras darme una tarjeta.

-Hay tres mujeres en tu vida -prosiguió. La lujuria, la infidelidad y la mentira.

Asentí. Estaba dispuesto a tragar con todo para salir de allí cuanto antes. Al entrar en el piso de aquella mujer pensé que todo esto no era más que una broma de mis amigos, pero al pasar a la habitación donde echaba las cartas deseché la idea. Las paredes estaban cubiertas por unas telas negras y la estancia estaba repleta de estatuillas de vírgenes, velas y crucifijos, algunos de ellos dados la vuelta. Me fijé también en unas fotos enmarcadas, en una aparecía junto al Papa Wojtyla y en otra con la pitonisa Lola. Esta mujer era una echadora de cartas de verdad. Me la habían jugado bien.

-No puedes engañar a tu futura esposa toda la vida. Esa prostituta que frecuentas te acabará llevando a la perdición.

Nunca había sido infiel a mi novia. No por falta de oportunidades, sino más bien por ausencia de ellas. La mujer ya no sacaba cartas de la baraja, parecía que estaba a punto de soltar la traca final.

-Ahora, cariño, vas a saber lo que es poseer a una hembra en celo -dicho esto se levantó, se quitó a la velocidad del rayo el jersey que la embutía y mostró sus pechos y la parte superior de una faja color carne (¿o carne color faja?) luego rodeó la mesa con una rapidez impensable para su índice de masa corporal sentándose en mis rodillas de un salto.

Todavía con la boca abierta pensé en las posibilidades que tenía de salir de aquella situación con decoro. Para cuando me quise dar cuenta la vieja había acertado en su predicción.

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7 Respuestas

  1. aitorito dice:

    ¿Se acabaron los articulos sobre disertaciones filosoficas y su puta madre?, ¿la bestia empieza a sacar la zarpa entre los barrotes de su jaula?, me congratulo, por cierto, mas vale vieja con faja entre las piernas que paja volando.

  2. escéptico dice:

    Yo veo filosofía hasta en las pelis porno de bajo presupuesto. La faja se está perdiendo y es una pena, porque cada vez somos más y el espacio es el mismo.

  3. kid a. dice:

    buena mierda!

  4. escéptico dice:

    ¿Gracias?

  5. El jukebox dice:

    «Para cuando me quise dar cuenta la vieja había acertado en su predicción».
    Una forma tan elegante como otra cualquiera de confesar un caso galopante de eyaculación precoz.

  6. escéptico dice:

    jukebox, ya dicen que lo importante no es llegar, sino mantenerse.

  7. El jukebox dice:

    Eso, vamos, fuera de toda discusión.

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