Quejicas sin fronteras

El otro día utilicé el transporte público una hora antes de lo normal. Eran cerca de las siete de la mañana y el vagón estaba lleno. Los rostros eran dignos de verse, uno dormitando, la otra con la mirada clavada en el suelo, el de más allá ojeroso y triste. He visto a cerdos ir más animados al matadero. Estuve a punto de gritar un “¡Por lo menos tenemos trabajo!” para animar al personal, pero no sé si se hubiera valorado bien.

Un tema recurrente en mis pensamientos es la capacidad de adaptarnos a las nuevas situaciones. A las buenas nos hacemos rápido. La misma persona que un día se lamenta porque no encuentra trabajo y le revienta que la gente que lo tiene no lo valore, al día siguiente, cuando consigue un empleo, ya comienza a quejarse del sueldo, del horario y de su jefe. No digo que esas protestas no tengan fundamento, pero estaría bien aguantar unos días más para que no se nos vea tanto el plumero. A lo malo no nos acostumbramos tan rápido, e incluso tenemos la capacidad de convertir algo positivo en motivo de sollozo por simple comparación con los demás.

La gente se suele comparar con ese jefe que no tiene ni puta idea de nada, que no da un palo al agua y que se levanta 5000 euros al mes. No suelo oir a nadie que se compare con el negro que vende CDs piratas por los bares. Se podrá decir que para superarse en la vida tienes que fijarte en los mejores, pero creo que los lloros de la mayoría están más basados en la envidia que en otra cosa. Al fin y al cabo ser quejica es una actitud. El mismo que se queja del jefe, cuando llegue a serlo se quejará de ese empleado que se pilla bajas por cualquier cosa, de la enorme responsabilidad que tiene y de lo poco que le valoran sus asalariados.

Es un círculo vicioso del que es difícil salir. Yo lo he intentado y he acabado quejándome de los quejicas. Otra vez será.

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4 Respuestas

  1. Ander dice:

    Bravo, escéptico. No niego los problemas, los apuros, la crisis, pero de vez en cuando deberíamos recordar dónde vivimos y qué tenemos, porque nueve de cada diez personas de este mundo se cambiarían por nosotros, con todos nuestros problemas, sin pensarlo.

  2. kid a. dice:

    Además la gente se quejaba tanto o más durante los años de la presunta bonanza que en los de la supuesta crisis. Vivir en Donosti le proporciona a uno material para 1000 ensayos sobre el quejismo, o más.

  3. escéptico dice:

    A mayor calidad de vida mayor número de quejicas. Asín semos.

  4. El jukebox dice:

    Y tanto. Cualquier plebeyo occidental vive ahora muchísimo mejor que cualquier rey de cuantos hayan podido existir en cualquier parte del mundo del siglo XIX para atrás. A menudo aún me asombro de que con tan sólo darle a un grifo me pueda duchar a diario con agua caliente y todo el rato que quiera, por ejemplo.

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