Memento mori

Iba por la calle cantando «Las chicas de la Cruz Rojaaaaa, novias de la primaveraaaa» con bello vibrato en las aes finales cuando me di cuenta. Un sudor frío empezó a inundarme la espalda. O eso o acababa de caerme de espaldas en un charco. ¡Tenía que avisarla! recordé que ella tenía el móvil estropeado, debía hacer algo rápidamente. Me acerqué a una mujer que llevaba una camiseta ilustrada con un sol y una palmera gigante en la que ponía «Grand bitch» y le pedí 20 euros para un taxi. Me dijo que si tuviera ese dinero no estaría pidiendo en la puerta de un eroski. No tenía tiempo para excusas de mendigos así que salí corriendo en todas direcciones de forma simultánea (ahora mismo no sabría explicarlo pero fue así). Avanzaba a una rapidez indeterminada entre el estatismo y la velocidad del sonido, sorteando transeúntes,  cuando un edificio de ocho plantas se interpuso en mi camino y di con él de bruces.  Lo siguiente que recordé es que no recordaba nada.

Al despertarme en la cama de un hospital lo primero que hice fue preguntar a la enfermera en qué año estábamos.

-Estamos en el año 4707 -dijo volviéndose hacia mí-.

Me comencé  a marear, la cabeza me daba vueltas, ¡no era posible!

-Eso en mi país -prosiguió la enfermera sonriéndome-, para ustedes estamos en el año 2009. No se preocupe, ha ingresado ayer a la tarde.

Al acercarse a la cama percibí sus rasgos orientales. También me percaté de que no mascaba chicle, sino que tenía un extraño acento.

– En China este es el Año del Buey. Es un animal necio pero fuerte, como usted -se tapó la boca con la mano mientras reía y se escabulló grácilmente por la puerta.

Recuperado del susto lo recordé todo. Por qué había tratado de avisar a mi mujer y lo inútil que había resultado. Lloré como sólo lloran los que se saben muertos en vida, consciente de que la peor de mis pesadillas se había hecho realidad. Un año más había olvidado nuestro aniversario de boda.

Me palpé lo que en otro tiempo se podría haber considerado una nariz y la punzada de dolor hizo que por un instante me olvidara de mi desgracia. Repetí el truco hasta que dejó de surtir efecto y me dormí.

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3 Respuestas

  1. El jukebox dice:

    ¡Magnífica pesadilla! Además, el hecho de que no tenga nada que ver con las mías más recurrentes me ha permitido disfrutarla en plenitud.
    Patenta de inmediato la leyenda y el dibujo de la camiseta de la mendiga, que te la van a copiar, fijo.

  2. bettyboop dice:

    Es cierto, has conseguido crear la tensión, la incertidumbre…Muy bueno!
    Pero por lo demás, no sufras demasiado. Seguro que a ella también se le olvidó el aniversario.
    bettyboop

  3. escéptico dice:

    jukebox, no lo he gugleado pero seguro que ya existe esa camiseta. Es cierto que últimamente parece que me tira el negocio textil.

    bettyboop, lo que le ocurrió a ella ese día sí que fue increíble. Es posible que haya precuela.

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