Días extraños

Las galletas Marbú no saben a galletas Marbú y las patatas Ruffles no saben a Ruffles. Esta es la única conclusión importante a la que he llegado en las últimas semanas. Si ya no nos podemos fiar de las marcas ¿qué nos queda?

Vuelvo de las vacaciones con una extraña sensación de tranquilidad. Como esos momentos tras salir de una sauna, con un ligero mareo y las pulsaciones demasiado bajas. El mundo gira un poco más lento que de costumbre, y aún así soy incapaz de subirme.

En este estado de puntillo continuo cometo errores de principiante. El otro día por ejemplo dije a una pareja que acaban de ser padres que eso tan gracioso que hacía su bebé lo hacían todos los niños a su edad. Se me quedaron mirando como si les acabara de insultar. Luego les comenté que bastante bien había salido el niño para lo feos que eran ellos. Inexplicablemente se rieron, pensando que era una broma.

Será cosa de los biorritmos, el caso es que mi cuerpo y mi mente reaccionan de forma extraña. De un tiempo a esta parte, por ejemplo, me entran naúseas cada vez que veo a un niño vestido con pantalón de camuflaje. Tiendo a desconfiar de las personas que cuando van en tren, sólo miran por la ventanilla al pasar por un túnel. El otro día iba un chaval oyendo música del móvil a todo volumen y no me dieron ganas de pegarle. Es todo muy raro.

Por cierto, la semana pasada se me murieron unas flores de plástico. Lo comento de pasada porque es la tercera vez en un mes.

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2 Respuestas

  1. onbide dice:

    Recuerdo haber visto una película que se llamaba así, con un tipo al que le pasaba lo mismo. Es todo muy raro.

  2. escéptico dice:

    Yo de esa peli sólo recuerdo a Juliette Lewis. No sé por qué será.

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