Las malas compañías

Mujer de 34 años, vive con sus padres, sueldo de 920 euros. Se compra un ático de 40 metros cuadrados, para ello se hipoteca y tiene que pagar 780 euros al mes. Como el dinero no le llega, alquila su nueva casa y sigue viviendo con sus padres.

Varón de 18 años, el gran sueño de su vida es llegar a ser cantante. Se apunta a cursos, se pasa el día imitando a sus ídolos en su cuarto e incluso compone sus propias canciones. Una única pega, canta como el culo. Desde que estrenaron Operación Triunfo quiere presentarse al casting, sus padres le dijeron que cuando fuera mayor de edad podría hacerlo. Cuando por fin cumple 18 años, acude al casting con toda la ilusión del mundo. Delante del jurado desafina cosa mala, hace el ridículo y es humillado ante las cámaras. Dos meses después emiten su casting y es el hazmereir de su pueblo.

Mujer de 49 años. Frutera y soltera. Ha leído tres libros en toda su vida, dos de ellos en su infancia. Quiere ser escritora. Ha escrito un borrador de 1200 páginas, lleno de faltas ortográficas y gramaticales, y lo quiere publicar. Se gasta el poco dinero que ahorra en fotocopias y en correos certificados. Lo ha mandado ya a más de 400 editoriales, una de ellas respondió, diciéndole amablemente que la escritura no era lo suyo. No le afecta, porque en algún sitio ha oído que a un escritor muy famoso le pasó lo mismo, que le rechazaron un manuscrito que luego se convirtió en best-seller. Todos los días mira el buzón con la esperanza de que alguna editorial le conteste afirmativamente.

Varón de 17 años. No llega al metro setenta, ni nunca ha jugado en ningún equipo, pero su gran ilusión es llegar a ser jugador profesional en la NBA, la mejor liga del mundo, y ganar el concurso de mates en un All-Star.

Todos conocemos casos parecidos a estos. Yo doy por hecho que en el mundo hay gente muy diferente, y que lo que para uno es una locura para otro es una brillante idea. No obstante, hay casos muy claros, fracasos cantados, proyectos vitales absurdos. Y siempre que veo uno de estos, no pienso en la persona, pienso en su entorno. Sus amigos, su familia, plenamente conscientes en muchas ocasiones del batacazo, pero faltos de confianza, o de valentía para sincerarse, y hacer ver a la víctima que está cavando su propia tumba. Tal vez incluso animando, conscientes de que de ilusión también se vive, y pensando que la recompensa no está en la meta, sino en hacer el camino.

Y a veces, sólo a veces, en poquísimas ocasiones, el loco nos da una lección, y resulta que ese chaval de 17 años, de 169 centímetros de altura, nacido en Dallas, de nombre Anthony Jerome, más conocido como Spud Webb, seis años después consigue ganar el concurso de mates de la NBA. Y pasa a la historia del baloncesto por ser el jugador más bajo en conseguirlo. Y se convierte en un icono, en un modelo de superación, y a la vez crea nuevos locos que tratarán de imitar su hazaña sin conseguirlo. Y todo vuelve a empezar.

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2 Respuestas

  1. Susana dice:

    Yo creo que, en primer lugar, estas personas que van contra el sentido común tienen un ambiente que les alienta, que ya es raro. Por otra parte, si no existiesen estas personas, ¡qué triste y predecible sería todo!, ¿no?

  2. escéptico dice:

    Es cierto que las ideas de bombero suelen surgir en una familia de bomberos, pero también es cierto que muchas veces se deja hacer, por no meterse en la vida de la gente, o porque se intuye que no te va a hacer ni caso.

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